La crítica de arte es una parte vital del sistema del arte. Su función básica es dar a conocer una valoración personal de una obra o un conjunto de obra a partir de la observación y el análisis. Esta valoración, en tanto que opinión basada en la experiencia personal, es subjetiva; pero requiere de una formación sólida en el tema del arte para poder así tener un resultado profesional. Para lograr esto es necesario tomar un riesgo.
Un riesgo que implica opinar, desde lo personal y no lo institucional, acerca de una obra, no de una persona ni de su calidad personal. Lamentablemente, la crítica se ha desvirtuado en un conjunto de ensayos destinados a hundir o ensalzar artistas sin mayor argumentación. Esto ha derivado en el total desprestigio del ejercicio de la crítica y la consecuente omisión de ella por parte del sistema.
En nuestro medio es raro encontrar en los medios de comunicación una crítica profesional de una exposición o de una obra.
Es más común la crónica social que casualmente ocurre en una galería o la noticia de la apertura de una muestra. Esto no es crítica de arte, es crónica descafeinada porque carece de lo importante. La gran diferencia reside en la ausencia total de una opinión formada que permita al texto crítico convertirse en la herramienta vital que debería ser. Porque la función de la crítica es aumentar nuestro conocimiento sobre el arte y sobre todo, nuestro entendimiento de él. No se requieren textos que se valgan de un lenguaje tan sofisticado que lo único que hacen es saltar la barrera de la legibilidad. Se necesitan textos que permitan aprehender el arte y eso, con el arte contemporáneo, es aún más importante por su alto nivel de complejidad.
La crítica del arte contemporáneo encuentra los múltiples sentidos en los que el concepto rebasa la obra y los resalta para que el público pueda conocerlos y apreciarlos. En tanto que esta crítica se concentra en la polisemia de la obra, el artista queda en un segundo plano, o al menos debería ser así si la obra es buena. Este texto que a manera de ensayo de opinión personal produce el crítico, tras una investigación, análisis e interpretación de la obra de arte tiene la cualidad de funcionar como vínculo entre lo visual y lo escrito, entre arte y literatura y sobre todo, lo más importante: entre arte y lectura.
Leer el arte es una de las tareas que se nos plantean desde hace décadas a los historiadores, críticos, curadores e investigadores del arte. La complejidad natural de la composición visual debe poder ponerse en términos de lectura para poder desentrañar los hilos que se tejen detrás de una producción artística. Éste es un reto que está todavía por abordarse de manera apropiada en todo el mundo, no sólo en Bolivia.
Faltan opiniones, falta debate, falta escuchar pero también decir. No podemos esperar a tener los profesionales más capacitados, generalmente extranjeros, para empezar a discutir sobre el arte boliviano, es necesario ensayar la opinión profesional, venga de la disciplina que venga. Hablar del arte es lo que el arte necesita.
Mostrando entradas con la etiqueta arte boliviano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte boliviano. Mostrar todas las entradas
lunes, 21 de febrero de 2011
viernes, 4 de junio de 2010
Volver a mirar, sobre la obra de Erika Ewel

Facilidad de mirar es un elemento difícil de encontrar en las exposiciones vanguardistas hoy en día. En Bolivia como en el resto del mundo, los artistas han optado por darle más vueltas a su oficio y presentar nuevas y diferentes propuestas de expresión artística que ultimadamente resultan tan complejas que sólo los versados en el tema o los colegas artistas entienden. No es el caso para esta exposición. Es una muestra fácil de mirar y fácil de gozar. Es un deja vu constante ante obras compuestas por fragmentos que manifiestan haber hecho un viaje en el tiempo expandiendo el campo artístico psicológico. El espectador se encuentra cómodo, raramente cómodo y complacido ante la visión, que está en el ojo, de algo conocido.
“La doctrina del progreso técnico hacia la Copia Esencial propone que, en un extremo utópico, la imagen superará las limitaciones impuestas por la historia y reproducirá en forma perfecta la realidad del mundo natural: la historia es la condición de que intenta escapar”[1]
Es una cuestión de distancia, ilustrar lo que en el siglo XIX ocupaba las trajinadas mentes de los viajeros y botánicos en un importantísimo afán de clasificar, perfeccionar la técnica con el fin de presentar y exponer de la mejor manera posible la realidad. Este es el elemento que permite la comodidad del espectador ante estas obras, el viaje en el tiempo lo hace el espectador, resignificando en el ojo y a través de la mano ejecutora, se transforma y cobra un nuevo valor hoy.
Esta conexión es posible porque la realidad experimentada por el ser humano es siempre producida históricamente, pues no existe una realidad naturalmente dada o independiente de nuestra existencia. Lo real entonces no es algo entendible sin la expresión y representación de otros, como los artistas, ésta permite la naturalización de un ideal de Copia Esencial, de una representación fiel de la naturaleza. Sin embargo si asumimos que ésta está sujeta al observador la naturalidad y realidad de la imagen la da el color y la expresividad de la ejecución.
Esta exposición es un herbario, un bestiario, delicias poéticas que tientan a los espectadores y los apartan del mundo real de las plantas y los animales aún haciendo referencia directa a ellos. El formato permite esta lectura de variedad, posibilidad y enumeración sin repetición. La composición es fluida de temas poco forzados, perfectamente ejecutados sin miedo a la simplicidad y claridad. Porque la famosa fórmula de Mies Van der Rohe less is more es una acertada expresión de elegancia y mesura. Después de todo lo que hemos visto de Erika Ewel desde el principio es fascinante ver la calma con la que se presenta esta vez, sin desesperación por afirmar grandes cosas y por lo mismo exponiendo una perfecta muestra de representación de delicadeza y transparencia.
Lucía Querejazu Escobari
[1] Bryson, Norman, La Copia Esencial
“La doctrina del progreso técnico hacia la Copia Esencial propone que, en un extremo utópico, la imagen superará las limitaciones impuestas por la historia y reproducirá en forma perfecta la realidad del mundo natural: la historia es la condición de que intenta escapar”[1]
Es una cuestión de distancia, ilustrar lo que en el siglo XIX ocupaba las trajinadas mentes de los viajeros y botánicos en un importantísimo afán de clasificar, perfeccionar la técnica con el fin de presentar y exponer de la mejor manera posible la realidad. Este es el elemento que permite la comodidad del espectador ante estas obras, el viaje en el tiempo lo hace el espectador, resignificando en el ojo y a través de la mano ejecutora, se transforma y cobra un nuevo valor hoy.
Esta conexión es posible porque la realidad experimentada por el ser humano es siempre producida históricamente, pues no existe una realidad naturalmente dada o independiente de nuestra existencia. Lo real entonces no es algo entendible sin la expresión y representación de otros, como los artistas, ésta permite la naturalización de un ideal de Copia Esencial, de una representación fiel de la naturaleza. Sin embargo si asumimos que ésta está sujeta al observador la naturalidad y realidad de la imagen la da el color y la expresividad de la ejecución.
Esta exposición es un herbario, un bestiario, delicias poéticas que tientan a los espectadores y los apartan del mundo real de las plantas y los animales aún haciendo referencia directa a ellos. El formato permite esta lectura de variedad, posibilidad y enumeración sin repetición. La composición es fluida de temas poco forzados, perfectamente ejecutados sin miedo a la simplicidad y claridad. Porque la famosa fórmula de Mies Van der Rohe less is more es una acertada expresión de elegancia y mesura. Después de todo lo que hemos visto de Erika Ewel desde el principio es fascinante ver la calma con la que se presenta esta vez, sin desesperación por afirmar grandes cosas y por lo mismo exponiendo una perfecta muestra de representación de delicadeza y transparencia.
Lucía Querejazu Escobari
[1] Bryson, Norman, La Copia Esencial
Suscribirse a:
Entradas (Atom)