Un buen cumpleaños no es cualquier cumpleaños. Hubo cumpleaños en que nadie llamó, nadie compartió su comida conmigo y de esos fatídicos en que el novio se fue de viaje el día anterior y los padres escogieron ese día para mandarse a un lado innombrable. A eso añadirle las naturales aprehensiones y susceptibilidades que conlleva la finalización de una vuelta más al mundo.
Con todo, un buen cumpleaños no es difícil de lograr. Un buen cumpleaños comienza con la llamada de la abuelita de 92 años, llamada que se repite cuatro veces más gracias al bendito alzheimer. A lo que le siguen las llamadas de los tíos que más te quieren, te consideran entre las cosas que más quieren: su peluche y su hija ( a falta de ). Esas llamadas son lindas porque te cuentan de lo que pasó el día que naciste y las reacciones de los primitos ante el evento y lo mejor es que te dicen que te admiran y te desean 150 años más de vida (no gracias).
En un buen cumpleaños las personas que quieres se integran al día que no puedes transformar en fiesta y apechugan para llegar con flores y torta al almuerzo preparado la noche anterior.
En un buen cumpleaños te peleas con tu novio porque no lo pudiste ver, porque te importa, que es mucho mejor que la opción del novio que se va, claramente.
En un buen cumpleaños hablas varias veces con tus hermanas, tus cuñados te mandan su amor y te dan buenas noticias de salud, cuentan de los sobrinos gatos y sus respectivos estados de salud. Te escribe la amiga de la infancia con la que no te hablas seguido, no te escribes, pero que está siempre y sólo te escribe en 7 de marzo y una a ella 7 días después porque si, es sólo una semana menor que yo.
Estos cumpleaños empiezan con brindis de tequila delicioso con amigos que te aman tanto que el brindis de cumpleaños es un agradecimiento a la vida porque existes y te abrazan hasta romperte. Las amigas dejan el reposo recetado para que llegue un bebé por hacerte un agasajo con cariño y las más viejas te escriben cartas de amor igual, dando gracias por estar juntas, siempre, desde la cuna en el mismo pueblo.
El único que no se entera es el gato, sólo sigue su ritual de lo habitual detras de los ovillos.
viernes, 8 de marzo de 2013
martes, 26 de febrero de 2013
¿Periféricos? ¿Nosotros?
Creo que a nadie le gusta sentirse periférico, siempre suena a que las cosas te llegan tarde, a que no tienes nada original, a que eres como de segunda clase y no se siente bien. Incluso las periferias históricas, como la chilena. Cuando uno habla de Potosí colonial en Chile, te dicen que Potosí no tenía influencia en Chile porque Potosí era periferia y yo me quiero caer de la silla porque eso sí que no me cuadra. Sólo falta ver la pintura colonial chilena y listo, rest my case. Sin embargo, los entiendo. Entiendo que a nadie le gusta ser, ni haber sido, periferia. Sobretodo si en casos como este, la cosa se ha invertido. Potosí ya no es lo que era y Chile tampoco. ¿Será por eso que se nos acercan los curadores chilenos?¿Cómo para proveer a la cultura que se produce acá un sentido que sólo ellos parecen ver coherentemente? Es indiscutible que tienen los recursos económicos para gestionar cosas que aquí son cuasi impensables, pero también (y más doloroso tal vez) que tienen la formación y la capacidad para llevar adelante proyectos que a nosotros nos dan sustito o bien, a los que ni aspiramos por nuestra baja autoestima colectiva. Puede ser. De todas formas a mí no me gustó cuando Justo Pastor Mellado en una de las conferencias que dio en torno al SIART 2009 hacía su triangulación del arte contemporáneo entre tres ciudades periféricas: Iquique, Tucumán y La Paz. No por sentirme marginada por periférica, tampoco es que tenga aires de grandeza con mi La Paz, pero sigo pensando que no cuadra el programa propuesto. Lo mismo me parece cuando Rodolfo Andaur propone trabajar cosas Iquique – La Paz…cuando pienso que debería ser Iquique- Oruro – El Alto y esto no quiere decir que la relación adecuada tenga que ser Santiago – La Paz, no creo que tenga que ver con divisiones político administrativas, sino con regiones de influencia, con tráficos humanos, con flujos culturales. Ya me refutarán, como seguro lo hará Rodolfo, que entre Iquique y La Paz sí hay flujos y no estoy yo para negarlo. Sólo quiero reflexionar sobre los lugares que le adjudican a La Paz curadores chilenos. Los dos curadores mencionados son profesionales que respeto mucho y cuya presencia en La Paz creo que es por demás bienvenida y necesitada. No en vano en Replicante hemos trabajado con ambos y esperamos seguir haciéndolo porque estas gestiones no se hacen solas y quien esté interesado, que venga a trabajar! Pero sí y siempre sí, queremos poder definirnos nosotros mismos con respecto a nuestra región y aunque sea mínimamente, pienso que La Paz es un centro con sus periferias y que no comparte esas características con Iquique y Tucumán. ¿Qué compartimos entonces? ¿Estar lejos de los centros creativos? ¿Acaso no somos un centro creativo? O es en realidad un estar lejos de los centros financieros… Creo que en Bolivia hay dos centros artísticos muy activos: La Paz y Santa Cruz, uno más que otro en cuanto a diversidad y esta es una relación que nos llena la cabeza, en una pugna nacional por la primacía en algo. Como Santa Cruz ya es más grande, más pujante, más poblada, parece lógico que sea más artística. Pero no, todavía no. La Paz mantiene su fuerza con su apretada agenda cultural pero definitivamente está pendiente revisar cuáles son los flujos, el área de influencia y acción para poder encontrar nuevas relaciones regionales que sean enriquecedoras. Esto aprendemos de la visita de curadores extranjeros interesados en nuestro arte.
Originalmente publicado en www.laboratorioreplicante.com.bo
Originalmente publicado en www.laboratorioreplicante.com.bo
Cut and Paste
Transplantar las trenzas de una chola a la cabeza de Julio González, fue así como entendí el proyecto de Cut & Paste. Un proyecto que nos parecía muy prometedor, que alteraba la naturaleza misma del artista pero que en la práctica fue diferente y se propuso jugar con las piezas sociales de una ciudad a la que el artista no pertenece.
Tal vez es necesario que venga alguien de afuera para romper esas limitaciones y reservas del artista local. Tal vez un artista paceño no habría hecho esta obra así por varios motivos. Sin lugar a dudas, la figura de la chola es demasiado pesada/importante para el paceño como para violentarla. La chola es el símbolo de la supervivencia, es la mujer mestiza que adoptatodas las modalidades económicas y sociales a su alcance como el transformar su vestido pero sin romper sus vínculos familiares y lingüísticos para sacar el mejor partido a la vida. Es el producto colonial más hermoso y sofisticado que tenemos porque no todo producto de la unión de culturas tiene que ser malo o aculturado o transculturado o algún denominativo que se entienda como peyorativo, sino un producto donde las fuerzas de una y otra cultura encuentran un equilibrio balanceando un poquito de esto y otro poquito del otro para resultar en un sujeto, una práctica, una imagen exitosas. O ¿qué son la chola, el tata Santiago, el Gran Poder si no eso? Nuestros poderosos híbridos.
Creo que Santa Cruz no tiene esa conciencia tan cruda de la mezcla cultural…no entremos en el detalle del por qué, sin embargo en Cut & Paste es evidente que tanta carga cultural y simbólica eminentemente locales pasan a un segundo plano para el artista. Al paceño le costará digerir la obra porque el resultado es que el artista hace artístico lo que se hace en cada carnaval o entrada universitaria: mujeres jóvenes de las zonas más acomodadas que con bastante asco (incluida la modelo del performance en cuestión) mezclan el pelo propio con trenzas de chola para bailar caporales y morenadas que están de moda. Bailes en los que sus padres y abuelos no participaron por considerarlos “populares”. No es novedoso para nosotros ver eso, ni la actitud de la modelo que muy sobria por profesional acepta la acción, pero que horas después pregunta si ya se puede sacar las trenzas. Ahí encuentro yo la violencia de la acción, en el asco de la modelo que no aguanta el pelo más que para la sesión.
Esto es lo que destaca de esta obra de Julio González, la cual entra en una búsqueda que él viene trabajando desde hace varios años, tanto en registro fotográfico (Contacto, 2009) como en video (Cuerpo dislocado, ganador de Mención en el SIART 2011) y ahora en este performance, en torno a la chola paceña. Una de las conversaciones a la que nos remiten estas obras es al rol de pollera+manta+trenzas como investidura transportable y transplantable. González explora lo que es la chola cuando es un cuerpo travestido, cuando es su propio cuerpo y cuando es un cuerpo maleable, como el de una modelo, que a fin de cuentas es también un actor social local. Esto es evidente en los tres trabajos mencionados que se articulan muy bien pensados desde este punto de vista, a fuerza de que sin relacionarlos, el performance Cut & Paste quede flojo ante la obra precedente.
Publicado originalmente en www.laboratorioreplicante.com.bo
martes, 24 de julio de 2012
La culpa la tiene el viento
Yo barloventeo, tu barloventeas, nosotros barloventeamos, vosotros barloventeáis.
El dominio del verbo barloventear viene conjugado con la capacidad de moverse en el espacio y en el tiempo con una tarea específica a realizar pero que no se logra concretar, de ahí que uno barloventea. En realidad, la culpa de que uno no logre su acometido, la tiene el viento. (mis tías decían que uno se iba a baloventear por la ciudad, un sinónimo de aplanar calles o algo así).
Según, porque no es palabra final en el tema, la Real Academia Española de la Lengua el barlovento es la parte de donde viene el viento. Ajá, no queda muy claro tampoco, pero es un lugar, de eso no parecen tener dudas los académicos. Sin embargo la palabra se la utiliza con mayor propiedad cuando uno se sitúa al barlovento. Literalmente dice: Situarse dejando al enemigo u otra escuadra o buque a sotavento y en disposición de poder.
El enemigo? Los quehaceres! Si uno se sitúa al barlovento puede evadir los quehaceres y dejarlos a sotavento lo que en términos terrestres significa, dominar los quehaceres y anularlos, es decir, no hacerlos. La intencionalidad del barloventeo es importante, la idea es abarloar o situarse del lado del buque enemigo del que se pueda hacer más daño, es decir lado a lado.
El dominio del verbo barloventear viene conjugado con la capacidad de moverse en el espacio y en el tiempo con una tarea específica a realizar pero que no se logra concretar, de ahí que uno barloventea. En realidad, la culpa de que uno no logre su acometido, la tiene el viento. (mis tías decían que uno se iba a baloventear por la ciudad, un sinónimo de aplanar calles o algo así).
Según, porque no es palabra final en el tema, la Real Academia Española de la Lengua el barlovento es la parte de donde viene el viento. Ajá, no queda muy claro tampoco, pero es un lugar, de eso no parecen tener dudas los académicos. Sin embargo la palabra se la utiliza con mayor propiedad cuando uno se sitúa al barlovento. Literalmente dice: Situarse dejando al enemigo u otra escuadra o buque a sotavento y en disposición de poder.
El enemigo? Los quehaceres! Si uno se sitúa al barlovento puede evadir los quehaceres y dejarlos a sotavento lo que en términos terrestres significa, dominar los quehaceres y anularlos, es decir, no hacerlos. La intencionalidad del barloventeo es importante, la idea es abarloar o situarse del lado del buque enemigo del que se pueda hacer más daño, es decir lado a lado.
sábado, 25 de febrero de 2012
lunes, 14 de marzo de 2011
Principio Potosí: Potosí is nowhere to be seen

Finalmente fui a la exposición tan anunciada y que tanta bulla viene haciendo desde hace meses. La visité en completo desorden debo confesar, pero francamente el orden propuesto era un completo desorden y no parece responder a ninguna lógica. No, no me leí el catálogo de 300 páginas…tal vez ahí esté la explicación de semejante circuito para desanimar a cualquier visitante, tendré que leerlo y volver…difícil.
Trágicamente lo que más me sorprendió fue no ver a Potosí más que en el cuadro de la Vista de Potosí de Miguel de Berrío (el motivo más importante por el que fui a ver la expo). Siempre es posible con las exposiciones de arte contemporáneo que uno no haya entendido nada, que se sienta estafado como dice un querido amigo cineasta y es que esta siempre será también la excusa del que pretende criticar pero quedar a salvo. Pues será también mi escudo porque yo no entendí mucho, no me atrajo casi nada, algunas obras parecían exposiciones de taller de tercer año de arquitectura, otras eran tan grandilocuentes que uno no lograba pescar el hilo de nada. Había alguna sugerencia interesante en alguna esquina y obras francamente geniales, un par que quisiera llevarme a casa también. Así que no me estrello con las obras, no, aunque muchas fueran patéticas. Me choca que nadie se haya tomado la molestia de pensar en Potosí y si lo hicieron, que no hayan sido capaces de transmitir eso. Por lo tanto, para mi, la exposición y su propuesta curatorial son un franco fracaso. Para mí.
Habrá que agregar supongo, por ser este un texto totalmente honesto, que el proceso de investigación previo a la exposición tuvo muchas falencias y descriterios de los cuales fui testigo, asi que ... es dificil cambiar mi opinión en este tema. Y aunque estoy de acuerdo en que existe una idea de lo que Potosí significó para la humanidad detrás de todo esto, se queda en una sugerencia demasiado, demasiado sutil.
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